Los partidos amistosos de la primera fecha FIFA  después del mundial de Rusia marcaron un nuevo inicio para las selecciones suramericanas. La oportunidad de renacer en ese camino de cuatro años rumbo a Qatar. Será en noviembre y  diciembre de 2022. Hay que pasar primero por la Copa América de Brasil, en 2019. La mayoría comienza con incertidumbres, pero es mayor la certeza que ofrecen la ambición, la pasión y el talento inagotable del fútbol del rincón más futbolero del mundo:

La Argentina, la bicampeona del mundo, arrancó sin Messi, aunque con el otro Lionel: Scaloni —el  seleccionador interino que hace equipo técnico con Pablo Aymar, el ídolo de infancia de “La Pulga”. No legaron a nadie el dorsal 10 y hay señales de que el genio de Rosario podría volver en 2019. Por el momento, el banco ha indicado inclinación por la búsqueda de un fútbol vertical y por extremar el amor a la camiseta Albiceleste. Taglíafico con la banda de Capitán. Romero, el único histórico, se disputa el arco con la promesa de Rulli y con el presente de Armani. Leo Paredes, el gran 5 emergente, es un guiño a la identidad y versatilidad del fútbol argentino. Si su fútbol y condición se mantienen, recorrerá mucho campo por cuatro años al lado de Lo Celso. También hay alternativas ofensivas de media cancha para arriba como el Pity Martínez, con velocidad y gambeta. Y Cristian Pavón, uno de los extremos más incisivos del continente. Y bueno, las dos súper estrellas de la Serie A, Dybala e Icardi. Junto a Ángel Correa, Lautaro Martínez, Giovanni Simeone, la competencia por la delantera va a estar lindísima.

Bolivia deberá buscar su fútbol más allá, tal vez más acá, de la altura de La Paz. Han encargado La Verde a César Farías, un técnico que fue fundamental en el salto de calidad que ha dado el fútbol venezolano. Fue el primero en clasificar a una Vinotinto a un Mundial, el sub-20 de 2009. Y con la absoluta se quedó a la vera, a dos puntos del  repechaje de Sudáfrica 2010. Y la metió por primera vez en la historia más allá de la primera ronda de Copa América, a cuartos y hasta semis (2011). El liderazgo de Farías va a estar acompañado en la cancha de la experiencia de Marcelo Martins, figura en China y veterano de grandes clubes del Brasileirão como Gremio,  Flamengo y Cruzeiro. Se suma a otros jugadores destacados en el exterior, como Bruno Miranda, compañero de Wayne Rooney en D.C. United. Antes del Mundial de Rusia, Bolivia jugó algunos amistosos que dejaron un par de goleadas en contra y un empate ante la Corea del Sur que derrotó a Alemania en el Mundial. Lo importante es trascender la obsesión y la frustración por los resultados de corto plazo. Tomarse el tiempo para recuperar el amor y una idea de juego propios. Farías pinta como un hombre adecuado para liderar esa misión de paciencia, constancia y visión de futuro.

Brasil sigue creyendo en Tite. Y Tite en Brasil. La Verde Amarela cayó en cuartos de Rusia ante Bélgica, incapaz de remar a contracorriente, un autogol y un destello de De Bruyne abajo desde el minuto 31. Pero aún en la derrota 1-2, y aún ante la resistencia de un rival que se paró y esperó atrás,  este Brasil fue superior al de la victoria 2-1 ante Colombia en los cuartos de 2014 —la que les dio el tiquete al Mineiraço. Tite es pragmático, pero no dogmático. Ni de la táctica, ni del resultado a toda costa. Sabe que ganar y jugar bien pueden llevarse de maravillas. Sigue siendo una buena fórmula para la apuntalar la gran autoestima y la identidad histórica de fútbol brasilero, que tanto sufrieron con el extremismo ultratáctico y el europeismo del juego en las segundas etapas de Dunga y Scolari. Tite enseña orden pero no asfixia la magia. Cómo va uno a amarrar a Marcelo, Neymar, Coutinho, Douglas Costa… en fin. Para los dos  primeros amistosos hacia Qatar llegaron 11 caras nuevas. Hugo Souza, Richarlison, Arthur y Pedro están entre ellos. Brasil es la utopía del talento: una fábrica de calidad ¡en masa! Y es el único Petacampeón del Mundo (en todo el mundo). Y va por más.

Colombia, una de las selecciones que se consolidó como potencia suramericana en los últimos años, es tal vez la que parte hacia Qatar con más incertidumbre en el banco. Pékerman se despidió dejando un legado poderoso. En los años 90 Francisco Maturana enseñó a los cafeteros a explotar y disfrutar su identidad futbolística, tan singular… estética, caprichosa, hedonista. Pékerman reveló cómo administrarla.  Bendecida por la generación excepcional de Falcao, James, Cuadrado, Ospina, La Roca y compañía… la Colombia de Don José alcanzó una consistencia inédita. Dos mundiales seguidos superando primera ronda; cabezas de grupo y quintos en Brasil 2014, con el Bota de Oro y el mejor gol de la Copa; y cinco años seguidos en el top ten del ranking FIFA. Otro avance, aunque de esos que pasan desapercibidos, es que Colombia logró un nuevo equilibrio entre su vocación creativa y la fortaleza defensiva. Hoy es uno de los equipos más recios y menos goleados del continente. Incluso se perfila como incubadora de centrales de talla mundial: Yepes, Zapata, los Murillo, Sánchez, Mina. Habrá que ver también si aprovecha la cantera para una renovación generacional en la zona media, en creación y adelante, donde James necesitará compañía y el capitán Falcao cumple ya once años de entrega y goles. Dan esperanza jugadores de gran presente como el todo terreno Wilmar Barrios y Nicolás Benedetti, el mediocampistas ofensivo más completo que hoy surge en Colombia. También hay delanteros que despiertan ilusión como los chicos Alfredo Morelos y Juan Camilo “Cucho” Hernández. Y Rafael Santos Borré, una gran promesa que ha resucitado en la Superliga argentina y en la Copa Libertadores. Sin técnico en propiedad de entrada, la clave es no ponerse a inventar la rueda. Ni la pelota. Colombia sabe jugarla y no necesita revolución. Bastaría con evolución a partir de las bases sólidas que deja el proceso Pékerman. Y alimentar el hambre de gloria.

Chile se le adelantó a Colombia y a algunos otros a firmar al que muchos consideran, de lejos, el mejor técnico cafetero de la actualidad. Reinaldo Rueda tiene fama de serio, sencillo, trabajador y estudioso, además de gran trato hacia el jugador. Clasificó a Honduras a un Mundial, Sudáfrica 2010, por segunda vez en la historia. Ganó la Copa Libertadores 2016 con un Atlético Nacional de gran personalidad, efectividad y juego colectivo.  Pero la prioridad de la Roja va más allá del relevo en el banco. El efecto del  paso del tiempo en la generación de generaciones del fútbol chileno, bicampeona de América, es la mayor ansiedad de la afición austral. Sólo hay un Rey Arturo, un Alexis, un Claudio Bravo, un Mago Valdivia, un Pitbull Medel ¿Y juntos? Ni en Antofagasta hay minas con tanto tesoro.  Pero Rueda está curtídisimo en eso de la formación y promoción de juveniles. Hasta campeón del Esperanzas de Toulon es. También es consciente del reto: “El relevo generacional es muy difícil para cualquier país del mundo. Más ante una generación tan exitosa como las Generación Dorada que acaba de tener Chile. Eso debe darse progresivamente, sabiendo que hay potencias como Alemania y Brasil que han tenido momentos difíciles”. Pero da razones para el optimismo:  “estamos ante una selección que todavía tiene mucho por dar”. Confía en que Chile “tiene un ADN especial”.

Ecuador apuesta por otro entrenador cafetero. Hernán Darío Gómez. Un viejo conocido que comandó la primera clasificación de la Tri a un Mundial, en 2002, con su propia generación gloriosa: José Francisco Cevallos, Iván Hurtado, Ulises de la Cruz, Edwin Tenorio,  Cléber Chalá, Marlon Ayoví, el Tintín Delgado, Iván Kaviedes y, claro, el más grande jugador ecuatoriano de todos los tiempos, Álex Aguinaga. Aguinaga —hoy comentarista y unos de esos “10” suramericanos históricos, técnico, valiente, visionario— ha recordado que Gómez es un seleccionador trabajador y un gran motivador. Que a veces dice una que otra palabra de más, pero sabe crear unión y buenas dinámicas de grupo. Y puede ser justo lo que necesita Ecuador después del desplome en la eliminatoria hacia Rusia.  Tras un arranque espectacular y cerrar  2015 como líder flamante de América del Sur, la Tri comenzó 2016 empatando en el Atahualpa con Paraguay y perdiendo en el Metropolitano con Colombia. Nada volvió a ser lo mismo. Se esfumó la alegría, desapareció la confianza. Y cuando la estantería se vino abajo, surgieron divisiones entre el cuerpo técnico, los jugadores y unos directivos con mucho por aprender. El reto de Hernán Darío Gómez es volver a reunir al mundo del fútbol ecuatoriano y los hinchas bajo el mismo grito: “Sí se puede”.  Aún con el despilfarro de resultados, Ecuador quedó a dos triunfos del repechaje y  sigue teniendo talento. Gómez tiene además el respaldo del capitán y gran referente de la Tri en la cancha. Antonio Valencia dijo que el cafetero ” conoce al jugador ecuatoriano, tiene experiencia, sabe imponer disciplina”. Es el dictamen de un súper crack suramericano, que también porta la banda de capitán del Manchester United y al que Mourinho considera el mejor lateral derecho del mundo.

Paraguay pone al tercer colombiano al frente de una de las diez selecciones suramericanas: Juan Carlos Osorio. El de las rotaciones, el del triunfo en Rusia sobre la anterior campeona del Mundo, Alemania. Seguro el trabajo con la Albirroja se hará en un ambiente más favorable, menos volátil que el que enfrentó en México. Pero el reto futbolístico es mayor. La CONMEBOL no es la CONCACAF. Como sus nueve rivales directos, Paraguay se juega el cupo a  Qatar en la zona orbital más disputada —con tres campeones del mundo incluidos y cuatro de los diez mayores exportadores de futbolistas al resto del Planeta. El México que dirigió a Osorio representó una población que equivale a 20 veces la paraguaya. Con menos de 7 millones de habitantes, el Paraguay que lo recibe tiene una identidad e historia futbolísticas que trascienden el tamaño.  Ha estado en ocho mundiales. Y no faltó a la cita máxima entre 1998 y 2010, algo de lo que ni selecciones europeas poderosas como Holanda o Bélgica podrían presumir.  La Albirroja ha sido dueña de un fútbol aguerrido, intenso, incómodo para los rivales. Juan Carlos Osorio debe honrar y  beber de esa tradición con humildad. También hay razones para mirar al futuro. A la buena generación de jugadores que aparecieron en el Mundial sub-20 de 2013 —como Derlis González, Júnior Alonso y Miguel Almirón— se les une la camada que disputó el Mundial sub-17 en 2015. Algunos brillan en la primera de Paraguay como Jorge Morel  y Arturo Aranda. Otros ya han desembarcado en canchas de Europa y el mundo como Rodi Ferreira, Blas Riveros, Sergio Díaz, Julio Villalba, Cristian Paredes y Josué Colman. No hay mayor esperanza que el talento.

Perú salió en primera ronda de Rusia 2018, pero debe sacar pecho. No hay selección suramericana que haya renacido de las cenizas con mayor dignidad y mérito. Fueron 35 años durísimos de ayuno mundialista. Milagrosamente, la calidad y la técnica se las arreglaron para sobrevivir intactas a los malos resultados. Ricardo Gareca la tuvo clara desde que se unió a la Blanquirroja en 2015, en la previa de la Copa América Centenario: Perú tenía materia prima de sobra, había que cambiar la actitud, la mentalidad, la postura en la cancha. “Evitemos las manos en la cintura”… “Inflemos el pecho, inflemos el pecho aunque estemos cansados”, enseña Gareca. Los rivales y tu gente deben convencerse de que querés, merecés y creés en la victoria. Y así llegaron a las semis que perdieron en Nueva York ante Colombia por el margen de error de los penales. Y así llegaron a Rusia. Y mostraron gran fútbol, siempre con la iniciativa en los ojos y buscando el partido. La derrota ante Dinamarca combinó la suerte y mezquindad futbolística rival con la ausencia en la titular de Paolo Guerrero. Contra el campeón, Francia, el partido fue parejísimo aunque Mbappé pescara un rebote definitivo. Perú tuvo el balón y dejó el empate en el palo derecho de Lloris. El lado amable de la eliminación es que no pudo detener el actual proceso de reconstrucción del fútbol peruano. Gareca renovó por tres años y un cuarto condicionado a que se logre la clasificación a Qatar. Con la Foquita Farfán y el capitán Guerrero en el rango de los 33-34 años, también hay que preguntarse por la cantera y la renovación de la plantilla, sobretodo adelante. Igual, con gente como Ramos, Advíncula, Trauco, Yotún, Flores, Cueva, Ruidíaz y Carillo, habrá más de una pizca de calidad y experiencia para rato.

Uruguay,  Uruguay, Uruguay, Uruguay. Así cuatro veces. Como las estrellas en el escudo de la Celeste y el tetracampeonato mundial que se le debería reconocer oficialmente. Ya con el Maracanazo lo habría alcanzado.  Tres millones y medio de habitantes, y el décimo mayor exportador de futbolistas al resto del Planeta. La Celeste es la más  campeona de América, con 15 Copas. La única selección FIFA que ha dado más de un ganador múltiple de la bota de oro de Europa: Diego  Forlán y Luis Suárez.  Con ese palmarés de locos, la preocupación más inmediata es la continuidad del Maestro Tabárez —un nombre esencial en la historia contemporánea del fútbol charrúa y el guía del Proceso, así con mayúsculas, como llaman en la República Oriental al período de actualización y renacimiento de la Celeste.  Óscar Washington Tabárez clasificó a Uruguay a cuatro mundiales. En todos superaron la primera ronda. En Rusia fueron quintos. En Sudáfrica 2010 alcanzaron el cuarto lugar. En 2011 ganaron la Copa América. La renovación o del contrato del Maestro estuvo supuestamente aplazada por la intervención de la FIFA a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), y se había encargado la selección interinamente a Fabián Coito, técnico de la sub-20. Desde el 21 de septiembre de 2018, Uruguay se esperanza con cuatro años más de leyenda. La comisión de regularización de la AUF confirmó la renovación de Tabárez por ese período. En Uruguay también se deberá invertir en la renovación de una generación exitosísima,  idolatrada, amada por su gente. Muslera, Godín, Cavani y Suárez, los máximos referentes, llegarían con un mínimo de 35 años a Qatar 2022. José María Giménez lidera la nueva sangre de jugadorazos emergentes con Rodrigo Betancur, Federico Valverde, Nahitán Nández y Lucas Torreira.  Por ahí también vienen pidiendo cancha chicos como Marcelo Saracchi, Nicolás de la Cruz o Diego Rossi. Uruguay, el país con más fútbol per capita de todo el Planeta.

Y Venezuela con un fútbol sin precedentes en medio de la crisis. Carencias y urgencias. Es el balón a pesar de todo. Un sentimiento suramericanísimo. Con Rafael Dudamel a la cabeza  la Vinotinto viene madurando una emoción, una posibilidad que vislumbró hace más diez años: contagiarse del delirio continental por el fútbol, competir sin complejos, ganarle a la historia. Ya en la eliminatoria hacia Rusia se la pusieron durísima a la mayoría de selecciones CONMEBOL. Argentina no los pudo doblegar. Golearon a Bolivia en Maturín. Empataron con Uruguay en San Cristóbal. Y consiguieron una victoria inédita en la última fecha en Defensores del Chaco. No es casualidad. El giro cultural hacia el fútbol, que gana cada vez más terreno frente al apego tradicional al baseball, se ha inspirado también en las gestas pioneras de las selecciones de mujeres. Venezuela ha sido dos veces campeona de los suramericanos femeninos sub-17, en 2013 y 2016. Y en  los respectivos mundiales alcanzaron el cuarto lugar. Deyna Castellanos, la jugadora de 19 años del Florida State University, es la goleadora histórica del Mundial sub-17 y ocupó el tercer lugar en los pasados premios  The Best FIFA Women’s Player . Y los hombres se mosquearon. Liderados por el trabajo juicioso, la visión de largo plazo y la experiencia competitiva de Dudamel —curtido en las canchas del continente y subcampeón de la Libertadores como portero— los chicos de la sub-20 de Venezuela alcanzaron una altura impensable en 2017. Se jugaron la final del la Copa Mundo en  Corea ante Inglaterra. Perdieron por la mínima, aún cuando fallaron un penalti a favor. Sergio Córdova ganó el premio al mejor gol del torneo. Y el Balón de Bronce fue para Yángel Herrera, que tres meses después le marcaría a Paraguay en Asunción en ese cierre promisorio de la eliminatoria. El subcampeonato mundial juvenil sigue siendo hoy todo para Venezuela. La esperanza que espera…

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